Edición No. 552 | 28 DE OCTUBRE DE 2008
 
 
 
Panorama
 
Panamá, mercader de diamantes
 
Desde hace 15 años la Federación Mundial de Bolsas de Diamantes buscaba un país para abrir una sede en Latinoamérica. Las ventajas de Panamá lo favorecieron para ser la bolsa de diamantes número 28 en el mundo. La iniciativa podría concretarse en 2010 
 
Melissa Novoa 
mnovoa@prensa.com 
 

Ventas. Se estima que la Bolsa de Diamantes de Panamá concentre un volumen de negocio anual de 5 mil millones de dólares.

Los comercializadores de diamantes, joyas y piedras preciosas en América Latina y el mundo podrán comprar o vender materia prima en Panamá.

“Si un comerciante latinoamericano desea comprar un diamante tiene que viajar a Estados Unidos, Bélgica, Tel Aviv o China”, comenta Haviv Aviad, director ejecutivo de la Bolsa de Diamantes de Panamá o Panama Diamond Exchange (PDE).

Pero en mayo de este año Panamá fue escogido por la Federación Mundial de Bolsas de Diamantes— organización que representa a más de 20 bolsas en el mundo que comercializan diamantes en bruto y pulidos y piedras preciosas—, para ser la sede de la bolsa de diamante de Latinoamérica, y la semana pasada sus representantes hicieron el anuncio oficial al país.

A diferencia de una bolsa de valores en la que se negocian papeles, monedas y bienes, en la PDE se venderán y comprarán diamantes entre los comercializadores de distintas partes del mundo.

Panamá tuvo que competir con países como Argentina, Brasil, México, Colombia y Chile, pero factores como su estabilidad económica, sistema bancario sólido, posición geográfica y el hecho de tener un hub aéreo que conecta a toda la región, fueron decisivos para que la federación votara en forma unánime a su favor.

Detrás de este proceso estuvo Erez Akerman, quien es hoy presidente de PDE y que fue el encargado de investigar y buscar la ubicación de la bolsa número 28 en el mundo y la única en la región latinoamericana.

Akerman cuenta que este es un trabajo que realizó durante los últimos tres años, y que luego de llevar la propuesta a la federación se sometió a votación en el Congreso Mundial de Diamantes realizado en Shanghai en mayo de 2008, donde finalmente Panamá fue elegido.

Esta elección involucra la construcción de un edificio de 52 pisos, con 300 oficinas done estarán ubicadas las más grandes y “mejores” empresas de intercambio comercial de diamantes, joyas y piedras preciosas, un área de intercambio de materia prima para toda Latinoamérica, restaurantes, tiendas, bancos, oficinas de cambio de monedas. Todo en un terreno de 10 mil metros cuadrados.

“Un edificio con sistema de seguridad sofisticado”, añade Aviad.

A un costado de la bolsa se levantará un hotel cinco estrellas, un shopping center con tiendas de joyería exclusiva de todo el mundo.

La inversión de este proyecto, que estará ubicado en Costa del Este, es de 200 millones de dólares y se espera que esté listo en 2010.

“La bolsa de diamantes no es solo construir un edificio y comenzar a trabajar, sino crear un mercado de diamantes organizado en toda Latinoamérica”, asegura.

El negocio en Brasil y Venezuela, algunos de los mayores productores de diamante en el mundo, está fuera de control.

La Federación Mundial de Bolsas de Diamantes hizo este año un llamado a boicotear la distribución de diamantes procedentes de Venezuela por no cooperar en la lucha contra el contrabando ilegal de más de 150 mil quilates de la piedra preciosa, y por no cumplir con el Proceso Kimberly de las Naciones Unidas que certifica la procedencia legal de la materia prima.

Cuando la federación decidió instalar una bolsa en la región era con el objetivo de ordenar el negocio en el área.

“El tema se llevaba de una manera muy informal y no estaba regulado por el Estado. Se debe crear un sistema para importar, exportar, registrar, determinar cómo se explotan las minas, y no que empresas ilegítimas quieran hacer su propia agenda por encima del país”, detalla.

El volumen de ventas de diamantes en América Latina es de 7 mil millones de dólares anuales. Un mercado en que se mueven 15 mil joyeros.“Es un gran mercado, pero no está ordenado. Hace falta más información sobre la industria en la región. Estamos muy vírgenes en este tema”, resalta.

Intercambio y regulación

El presidente de PDE subraya que el trabajo de la bolsa no solo es tener un centro donde se reúnan los comerciantes que venden y compran diamantes, sino regular el mercado.

Para esto, en 2000 se creó una iniciativa avalada por las Naciones Unidas, denominado Proceso Kimberly, que crea un sistema de control que garantiza el comercio adecuado de piedras preciosas.

La industria de diamantes mueve 200 mil millones de dólares de ventas en el mundo, y en el año 2000 los llamados “diamantes sangrientos” representaron entre 20% y 30% de la producción mundial de la piedra preciosa.

Se le llama así a la piedra que se comercializa para financiar grupos terroristas e ilegales, o aquel en el que los mineros han sido explotados para la extracción del material, o son extraídos sin cuidar el recurso mineral.

El Proceso Kimberly fue creado para que cada país fuera responsable de su propia producción, para controlar y detener la obtención de diamantes sangrientos, y que se implementara desde la producción, comercialización, exportación e importación de los mismos.

“Cada país que produce diamantes no puede exportarlos sin un certificado del Proceso Kimberly original. Si no posee ese certificado, no puede comercializarlo en las bolsas de diamantes del mundo, y es rechazado de por vida”, admite.

Si bien Panamá fue seleccionado para instalar la bolsa de diamantes de América Latina, el país aún necesita aceptar e implementar el Proceso Kimberly como lo han hecho 74 países en el mundo.

“De hacerlo aceptará no negociar con diamantes de sangre”, reconoce. Cuando los comercializadores lleguen al territorio panameño -específicamente a la bolsa de diamantes de Panamá- deben ser revisados y controlados según el Proceso Kimberly.

 

 
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